Hacia una cultura del peso


Hacia una cultura del peso

24/08/2012
POR ARIEL HENDLER ahendler@clarin.com
El mercado inmobiliario se va haciendo a la idea de que la moneda nacional va a reemplazar al dólar. Pero por ahora nadie quiere quedarse con pesos en las manos

Existen los números duros y también las lecturas que se hacen de ellos. Las estadísticas elaboradas por el Colegio de Escribanos de la Provincia de Buenos Aires indican que la cantidad de operaciones inmobiliarias vienen cayendo. De 11.833 en julio de año pasado, a 6.315 el mes pasado, es decir, un 46% menos. Y un 36% menos en los primeros siete meses de este año respecto del mismo periodo en 2011. Otras cifras, aunque mucho menos catastróficas, también confirman la caida.

Según la interpretación del hasta hace pocos días presidente del Colegio provincial, Carlos Agustín Sáenz, estas caídas se deben al “impacto negativo” que generaron sobre el mercado “las medidas implementadas por el Gobierno Nacional respecto al control de la adquisición de moneda extranjera”. Sin embargo, el escribano apuesta a que esta situación “se disipe con la estabilización del mercado cambiario y la adaptación de la población a las nuevas disposiciones que rigen la actividad”.

Esto último es precisamente lo que ya están empezando a vislumbrar algunos actores del mercado. “Entre junio y agosto empezó a haber un principio de acomodamiento”, asegura Jorge Antúnez Vega, titular de la inmobiliaria que lleva su apellido, con base en la zona Sur del Gran Buenos Aires. Aunque cree que va a costar mucho “cambiar la mentalidad” en una actividad que estuvo 40 años dolarizada, opina que actualmente se vive un periodo “de transición” hacia un mercado que funcione enteramente en pesos.

“Hay mucha gente con su economía pesificada en las actividades del campo y la industria, o que gana buenos sueldos, y que ahora no puede ahorrar en dólares debido a las restricciones para adquirirlos. Y como los pesos en el bolsillo se desvalorizan rápidamente debido a la inflación, advierten que invertir en casas, departamentos o terrenos siempre los hace ganar, es una inversión redituable y conservadora”, agrega.

De todas formas, Antúnez Vega admite que el proceso llevará tiempo, y que en la compraventa de inmuebles usados por ahora tienen mayor visibilidad los contratiempos: “Las operaciones están por lo general encadenadas. Si uno solo pide dólares, se rompe toda la cadena”.

En coincidencia, Roberto Tizado, presidente de Tizado Propiedades, advierte que el problema radica en que todos los participantes de la cadane evitan quedarse con moneda nacional en la mano; y agrega que, los que tienen dólares, “los hacer valer con contraofertas del 10 y hasta el 20 por ciento menos”. Esto, a su juicio, está motivando que muchos propietarios que no quieren recibir pesos o no aceptan las contraofertas, optan por conservar sus propiedades y volcarlas al alquiler.

Sin embargo, Tizado opina que “tarde o temprano los precios en dólares van a tener que bajar, o va a haber que aceptar pesos”, y que la pesificiación del mercado “llegó para quedarse”, ya que, en su opinión, las autoridades nacionales “no van a dar el brazo a torcer en su decisión de dificultar la compra de dólares para cuidar las divisas”. Por lo pronto, los brokers consultados coinciden en que la mayor parte de las operaciones se concretan en pesos a una paridad de 5,20 o 5,30, a medio camino entre la cotización oficial y el “blue”.

Entre tanto, el rubro de los inmuebles a estrenar y los nuevos emprendimientos ya está casi totalmente pesificado, ya que los desarrolladores, al tener todos sus costos en pesos, y como la inflación le viene ganando la carrera al dólar, apuestan a cotizar en pesos. “Hoy los precios de venta de propiedades a estrenar se ajustan por costo, no por el valor del dólar como hace unos años”, explica Tizado, y lo encuentra lógico: “Las oscilaciones del dólar no tienen nada que ver con el valor de reposición de una propiedad”.

Por otra parte, coincide con Antúnez Vega en que, con una moneda creíble, inflación de un dígito y alguna variable de ajuste para que los precios no queden obsoletos, el mercado podría funcionar perfectamente en pesos. “Como ocurre en Brasil y Chile”, aclaran, y señalan como condición: “Una “moneda confiable” , con “inflación de un dígito y un mecanismo de ajuste creíble.

Alquileres pesificados

El mercado de los alquileres de alta gama, que por tradición opera en dólares, también comenzó a pensar en pesos. En la inmobiliaria Izrastzoff, de Recoleta, aseguran que sus clientes locadores aceptan cobrar su renta en pesos, a una paridad de entre 5 y 5,30 pesos, es decir, a medio camino entre la cotización oficial y el “blue”. Los contratos se firman con un aumento al segundo año del 20 o el 25%, y las expensas pasaron a estar totalmente a cargo del inquilino.

En tanto, en el rubro de las oficinas premium, los alquileres se calculan –según indican en Cushman & Wakefield– un 50% al valor oficial y otro 50% al valor de bonos argentinos en dólares (equivalente al “blue” pero oficial), ya que las grandes empresas locatarias tienen controles sumamente estrictos sobre sus egresos y no admiten parámetros informales.