Lo nuevo de la Boca


Lo nuevo de la Boca

31/08/2012
POR ARIEL HENDLER ahendler@clarin.com
La próxima inauguración de Casa FOA alimenta expectativas en el barrio, que ya vive un auge de proyectos gracias a la nivelación de la avenida Regimiento Patricios.

LO QUE VIENE. Molina Ciudad, edificio de lofts y estudios en la ex fábrica Alpargatas, con patio de comidas.
FAMILIAR. Edificio del estudio Arquitectónika.
LO QUE VIENE. Molina Ciudad, edificio de lofts y estudios en la ex fábrica Alpargatas, con patio de comidas.
A dos semanas de que empiece una nueva edición de Casa FOA, la Boca vive la ilusión que suele acompañar a las grandes oportunidades. Como poco tiempo atrás fue la Usina de las Artes, ahora es la próxima inauguración de la muestra de interiorismo, el 7 de setiembre, la que amenaza con alterar –en el buen sentido– la paz del barrio. En principio, por el efecto que tendrá el emprendimiento Molina Ciudad, en un ícono arquitectónico como la ex fábrica Alpargatas.

Pero, sobre todo, por la influencia que este proyecto de 65.000 m2 cubiertos, podrá tener en el entorno próximo. “Presumimos que generará un impacto positivo varias manzanas a la redonda. La Boca tiene muchos inmuebles con gran valor patrimonial, y su puesta en valor puede jerarquizar el barrio”, opina el broker Marcelo Di Mitrio.

Allí, en la zona mejor comunicada con el resto de la ciudad, sobre la concurrida avenida Regimiento Patricios, límite con Barracas, Molina Ciudad ofrecerá 351 lofts o estudios de 60 a 150 m2 (38.000 m2 vendibles en total) que se prevenden en pesos a 8.500 $/m2, con un gran atrio lobby de 1.600 m2 y 6,70 metros de altura, áreas de gastronomía, 12 locales comerciales, galería de arte y espacios de encuentro.

“Queríamos buscarle un sentido, un plus, porque hay muchos edificios corporativos alrededor, muchas empresas con empleados jóvenes que no tienen lugar en el barrio ni para tomar un cafecito”, cuenta Fernando Barenboin, titular de la desarrolladora CES y con 20 años de trayectoria en IRSA en altos cargos directivos.

La desarrolladora ya tiene un expertise en puesta en valor de ex plantas fabriles para usos residenciales, y Barenboin explica que el proyecto arquitectónico, a cargo del estudio Dujovne-Hirsch, preservará la estructura principal del edificio, así como “todos aquellos rasgos que lo identifican, como la chimenea, su modulación, sus pilastras y sus ornamentos”.

El emprendimiento demandará una inversión de US$ 75 millones, con una mecánica de financiación original, ya que el grupo inversor inicial constituyó un fideicomiso para comprar el terreno e iniciar las obras, pero en una segunda etapa –que se lanzará en forma paralela a Casa FOA–, la mayor parte de los inversores iniciales venderán sus cuotapartes a los compradores finales. “Es una forma más expeditiva de iniciar las obras. De otra manera se debería haber conseguido a los 351 fiduciantes antes de empezar”, explican en la inmobiliaria Achával Cornejo, que lo comercializa.

Desde hace unos dos años, las dos veredas de la avenida Patricios (y más tímidamente sus alrededores) viven un auge de desarrollos inmobiliarios, gracias a la obra pública de nivelación de las veredas, que volvió transitable y accesible al vecindario. La nueva fisonomía del barrio redundó en un aumento de los valores de la tierra (hasta 500 US$/m2) y los precios de venta (1.600 US$$/m2).

Esta circunstancia está siendo bien aprovechada por algunos emprendedores, como el estudio Arquitectónika, que ya inauguró un edificio (hicieron el proyecto y dirección), y tiene dos más como desarrolladores: uno a punto de terminar y otro en las fases iniciales de obra, todos en la vereda boquense de Patricios.

Darío López, uno de sus socios, cuenta que la demanda es “de los propios vecinos de la Boca o de matrimonios jóvenes del Sur del Conurbano que busca mejores servicios, seguridad y comunicación”. Y agrega que se trata de un público familiar con gustos diferentes a los de Palermo, Belgrano o Núñez, donde Arquitectónika desarrolla desde hace años su marca PH Urbano. Por caso, las cocinas deben ser separadas (y no integradas), y necesitan conocer al desarrollador.

“Pasan caminando todos los días, ven cómo avanza la obra, comentan en el barrio... Hay que pagar derecho de piso, como hicimos nosotros”, concluye